
El otro día estaba en un campo de fútbol con varias personas a mi alrededor, intentaba ver el balón entre los pies de los jugadores pero mi mente no era capaz de concentrarse. Por momentos, se encontraba inmersa en la conversación que se estaba llevando a cabo detrás de mí, bueno más bien, se encontraba analizando el número de veces que dos personas podían decir “bro” en su conversación. Me llamó mucho la atención el cómo lo decían y la emoción que transmitían al expresarlo, me di cuenta de que ya el partido no me importaba y mis pensamientos se encontraban buceando por las palabras de esos dos desconocidos. Realmente no me acuerdo de lo que hablaban, pero sí de lo que utilizaban y de cómo se entendían. Mi mente empezó a pensar en cómo una coletilla puede extenderse hasta los confines de cualquier idioma y me he dado cuenta de lo efímero que puede ser su uso ya que no llegará a otras generaciones, si no que cada generación, contexto o cultura tiene sus propias coletillas.
No siempre nos han llamado la atención las coletillas juveniles, acordaros de cuando éramos adolescentes y nos pasábamos el tiempo diciendo “tío, ¿viste lo que acaba de pasar?”, ¿os acordáis? En toda las frases, había pequeñas coletillas que nos acercaban al grupo, “tío”, “pibe”, “pavo”, “chorva” por supuesto, las usábamos en masculino y en femenino, también en plural: “había allí unos tíos que no me gustaban nada” Pues sí, ¿a que os he hecho pensar un poquito en todo lo que decíamos cuando éramos más jóvenes?, sí usábamos coletillas y las usábamos en la misma cantidad y con la misma espontaneidad que ahora. ¿Las seguimos usando? Sí, por su puesto que sí, todos los días se nos escapan cuando estamos en un ambiente relajado e informal, con nuestros amigos o familia seguimos usando las coletillas que nos han marcado en nuestra adolescencia y las seguiremos usando. Nos pueden llamar la atención las coletillas nuevas pero tenemos que saber que se han usado desde hace años y se seguirán usando. Lo importante es saber que no se es mejor ni más educado ni menos culto por usarlas, estoy segura que no hay un “bro” en un examen de literatura, como tampoco había “tío” en un examen de lengua. Estoy segura que saben diferenciar, que al abuelo no le dicen “bro” y que a su amigo no le llaman de usted. Pensar un momento en algún adolescente que conozcáis , ¿os dais cuenta de que no hablan tan mal? No podemos demonizarles ya que tienen suficiente con intentar ser camaleónicos e intentar adaptarse a los cambios.
La conclusión es sencilla, me ha llamado la atención el número de veces que han usado la palabra “bro” en escasos treinta minutos del partido pero también me ha ayudado a pensar en ello y a darme cuenta de que no se puede penalizar a quién usa coletillas, porque como ya os dije : “Tía, flipa, estos pavos no sueltan el bro”